22.SEP Martes, 2020
Lima
Última actualización 08:39 pm
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Opinión

No pretendo comparar al gran Julio César con Cecilia, Lucho y Maurice. La república decadente sí se parece mucho más a nuestra “democracia” sin partidos. Acabamos de ver un ejemplo de su disfuncionalidad a lo largo de trece horas de maltrato a profesionales de primera, que ya consiguieron resultados sin precedentes en procesos que cuajan en plazos más largos. ¡Qué raro que no haya más profesionales así!

El gobierno tiene que trazar una línea, desesperadamente. Si dejan caer al ministro Saavedra, ninguno parecido querrá asumir el encargo de promover mejores oportunidades para los chicos. El equipo de primera que lidera, a cuyos dos líderes también dijeron corruptos sin empacho, se desmembrará. ¿Y por qué habrían de detenerse con Saavedra? ¿Y por qué habrían de parar con los ministros? ¿Son tan frívolos y calabacitas en política que no lo ven?

Entiendo que el día antes del balconazo de Keiko se decidió que la luna de miel había terminado, no más cooperación. Ya son libres de ofender, insultar, mentir, mostrar su ignorancia, usar la peor prensa y trollear, que es como viven la política. Lo tienen en su ADN, no han cambiado ni cambiarán. Los mejores nunca entraron o se fueron. Ana y Pier están en la alta dirección. Punto.

El presidente debió hablar con Alan García, entiendo que no lo hizo. Debió explicarle que la USMP es un lujo en nuestra caricatura de sistema universitario; que se adecuaría a la ley sin problemas. El Minedu no filtró nada contra el congresista Mulder, la segunda mayor decepción para mí; ni contra nadie, juegan limpio. Así son.

Estuvieron de viaje ministros y congresistas. La estrategia política, si se le puede llamar así, parecía la de campaña para el segmento de ingresos altos. No compartieron a los profesionales que sí saben, recurrieron a otros a última hora. La prioridad es cambiar esto. El país no es un directorio. Los politiqueros actúan estratégicamente, tienen intereses particulares en conflicto, son mediocres y autoritarios. La cuestión de confianza debería ser el punto de quiebre.


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