17.ENE Viernes, 2020
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Opinión

Casi medio millón estudia en “universidades” que no deberían entregar títulos a nombre de la nación, ni siquiera después de un proceso conducido por burócratas sin experiencia.

Esas “universidades”, sin embargo, financian campañas y pagan sueldos o consultorías a políticos ignorantes. También hay aquellas que sus caciques ponen a disposición de lo peor de la política; son redes útiles para acceder al poder. Insisto en mi opinión: esta es la verdadera razón tras la censura que algunos quieren, pues la reforma les tocará el bolsillo a ellos y a sus mecenas.

Lo de los SMS, computadoras o pagos al COP, para citar solo tres ejemplos, se fue cayendo, por absurdo o porque las explicaciones fueron satisfactorias. Lo usan de excusa para la interpelación; claro, porque ni ellos son tan descarados de exponer sus conflictos de interés.

Recurrieron a varios otros argumentos falaces. Uno interesante: hay que fortalecer las instituciones, el ministro no es indispensable. No hay que fortalecer la poderosa institución informal que vincula a lo peor de la política con lo peor de la universidad. Nadie ni remotamente parecido al ministro Saavedra asumirá el cargo si lo sacan así. Su equipo, profesionales de primera que renuncian a sueldos mayores para que los maltraten, se irá.

Cualquier reforma que le toque el bolsillo o el poder a lo peor de la política no irá. Es mejor que un gobierno sin política apague la luz en ese escenario.

La semana estuvo teñida por una guerra santa. Primero mintieron con el currículo y la “ideología de género”, que significa otra cosa. Después fueron las guías de orientación sexual, guías del 2014 que no son consistentes con el plan actual. Niveles de intolerancia y homofobia así son cualquier cosa menos católicos. La ignorancia acerca de cómo explica la ciencia la sexualidad es supina.

Todo vale, ya sean mentiras, infamias o hasta usar el nombre de Dios, con tal de que no les toquen la billetera ni el poder que mal usan.


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