23.JUN Viernes, 2017
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Opinión

“Deberían existir, por ejemplo, cursos de computación donde los pequeños aprendan la gramática básica de la programación”.

Esta semana pude ver una serie de documentales producidos por Netflix titulado Abstract. En cada capítulo se presenta la filosofía y el método de ocho diseñadores destacados: un arquitecto, una diseñadora gráfica, una escenógrafa, un ilustrador, un fotógrafo, entre otros. Todos ellos son artistas de diversos lugares del mundo que trabajan para grandes industrias –es decir, llegan a millones de personas– proponiendo innovaciones que realmente vienen mejorando la vida en este mundo asustado y atareado en el que vivimos.

Así entendemos cómo se fueron configurando las tendencias del sofisticado negocio de las zapatillas casuales y deportivas, hacia dónde se dirige la industria automotriz en confort y seguridad, por qué la arquitectura y el diseño de interiores deben priorizar la solución de problemas sobre la obsesión por las bellas e imponentes formas, qué implica ilustrar la tapa de una revista cuando se busca sintetizar con una imagen un problema político o social complejo; en fin, Abstract es una serie dedicada a proponer algunas cuestiones relevantes para la vida cotidiana de nuestras sociedades.

Muchas ideas me rodearon en estos días, pero una me tocó en particular. Más de una vez me he preguntado por qué en las escuelas los chicos no aprenden diversos lenguajes. Deberían existir, por ejemplo, cursos de computación donde los pequeños aprendan la gramática básica de la programación. Es absurdo que se les vayan las horas en aprender funciones elementales de programas que en pocos años caerán en desuso y que hoy ellos aprenden solos.

También deberían contar con cursos de música donde aprendan a escuchar, interpretar y, lo más importante, escribir y leer música. Y cursos donde aprendan a leer y escribir imágenes. Qué desperdicio que en una época como esta, donde todos somos prosumidores –productores y consumidores–, no hayamos aprendido a hablar de forma audiovisual, ni seamos competentes digitales. Y ni qué decir de los lenguajes corporales y todo lo que evocan en términos de salud emocional y fisiológica.

Pienso que el mal rendimiento en matemática y comunicación no es el único desafío que debemos encarar. Vivimos en varios lenguajes que no dominamos. Hay otros analfabetismos funcionales que también explican por qué hay tantas personas que consumen tanta porquería con alegría y orgullo. ¿Es posible una sociedad de ciudadanos libres y solidarios sin recursos personales para ser autónomos? ¿Puede la democracia subsistir a las desilusiones actuales con las pobres ofertas políticas y mediáticas dominantes? ¿Se puede imaginar un mundo mejor con estos mercados de productos y servicios dirigidos a perpetuar la estupidez global? Veo cada capítulo de Abstract y pienso que deberíamos imaginar otra educación para ese planeta que aún no existe y que debería ser mejor, mucho mejor.


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