23.JUN Viernes, 2017
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Opinión

“Encontré en Rosa Chumbe una metáfora del espíritu nacional. No un país adolescente ni de todas las sangres. No una nación de problemas y posibilidades”.

Para algunos críticos está entre las mejores películas peruanas de los últimos años. Coincido. Es un largometraje audaz y a contracorriente. Rosa Chumbe, el personaje, es rotunda en su apatía (magnífica Liliana Trujillo). Ella y su hija comparten la misma casa pero sobreviven separadas. Su hija está en el negocio de telecomunicaciones: vende llamadas en la calle. Rosa es policía aunque no se parece a las correctas oficiales que vemos en las avenidas. Ella no tiene honor ni divisa. Su vida es una letanía que se ahoga todas las noches buscando el olvido.

La película se despliega lentamente en el silencio depresivo de unas mujeres que transitan por calles colmadas de ruido y desorden. Lima es una ciudad oscura y sucia. Una metrópoli donde cada novedad dura apenas el día de su inauguración para luego ser absorbida por el polvo que todo lo cubre. Jonatan Relayze, el director, se ha esforzado en componer una mirada desde adentro de esta urbe de pobres corazones. Y lo logra. Pero hace más: con sus largas tomas y sus planos de detalle, con sus actrices gestuales y esa magia estrictamente realista, nos habla de una dimensión del país que no queremos ver, embobados como estamos entre los pasillos de los centros comerciales.

Las imágenes de Relayze son neutras. La tragedia es sencilla. El milagro no resuena. El director propone vacíos que el espectador debe llenar de significado. Así, encontré en Rosa Chumbe una metáfora del espíritu nacional. No un país adolescente ni de todas las sangres. No una nación de problemas y posibilidades. Nada. Reconocí solo el abandono y la pobreza. Y también el sálvese quien pueda. Solo el drama del adicto que sobrevive día tras día. Una sociedad hecha mierda por todos sus integrantes y donde todos sus integrantes se sienten víctimas de los demás. Por eso renunciamos o salimos a pegarnos, para proteger ese resquicio de dignidad que tememos ya no encontrar al final de la jornada. Un país donde solo conectamos con el humor para sublimar nuestra miseria cívica y nuestro subdesarrollo político.

Pero, al igual que en la película, no todo es anomia en el Perú. No todo el cuerpo está acojudado, hay partes que siguen latiendo. Y laten más fuerte cuando los individuos se suman, cuando buscan adrede una salida, cuando recuerdan que, tarde o temprano, porque el universo se sigue moviendo, una oportunidad puede emerger tímidamente y entonces hay que estar atentos para aprovecharla. Una esperanza voluntarista. Una fe, religiosa o no, justificable o no, que nos mueve hacia el imposible. Rosa Chumbe es una editorial sobre el impasse que vivimos en el Perú de hoy. Como película es muy buena. Como tratado sobre nosotros mismos, es mucho mejor.


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