23.JUN Viernes, 2017
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Opinión

A veces resulta difícil elegir un tema para escribir esta columna, pues ocurren muchos incidentes en pocos días. Lamentablemente, no suelen ser hechos positivos y nos dejan con la sensación de que nunca avanzamos y, al contrario, retrocedemos. Por un lado, la lucha ciudadana regresa a las playas. Esta vez toca defender a Los Yuyos, una de las pocas playas que aún quedan en la Costa Verde. Los vecinos y el colectivo Costa Verde de Todos iniciaron una oposición que busca preservar la línea costera de las interferencias causadas por un futuro muelle (privado, por supuesto).

Además, la Costa Verde sigue sufriendo los absurdos de la falta de planificación e improvisación, como bien queda demostrado con la erosión y exposición de los pilotes de la pasarela peatonal que se colocó en medio de los reclamos asociados a la construcción del tercer carril hace un par de años. En paralelo, las grietas se hacen cada vez más grandes y profundas en el by-pass de la Av. 28 de Julio y se acaba de anunciar que la alameda peatonal ya no será construida.

Como si fuera poco, la recientemente inaugurada obra de la Av. Benavides no solo no resuelve el tráfico, sino que confunde aún más a los conductores, y ni qué decir de los peatones, absolutamente ignorados en todo el proceso.

Más allá del accionar de las autoridades o de la capacidad de los ciudadanos de organizarse, los grandes ausentes son justamente aquellos que deberían estar más visibles, los autores de dichas obras: los ingenieros. Son ellos quienes plantean las soluciones y quienes firman los diseños que luego se ejecutan y dañan aún más nuestra ciudad. ¿Acaso no tienen responsabilidad? ¿No les da vergüenza hacernos esto y someternos a una ciudad que empeora con cada obra que firman y validan? Así como los doctores, los ingenieros tienen que proteger nuestras vidas y parece que últimamente, a algunos, eso es lo que menos les importa.

Antes, las carreras más reputadas eran las de doctor, abogado e ingeniero. Ahora, ¿dónde están todos los ingenieros serios y respetables? ¿Se quedan tranquilos mientras sus colegas le están haciendo esto a su profesión? Por su parte, el Colegio de Ingenieros debe retirar de sus filas a aquellos que son negligentes. No basta con emitir comunicados mientras se destruye la ciudad a punta de construcciones inservibles.

Un ingeniero me decía una vez, a modo de justificación, que ese tipo de proyectos son los únicos que nos piden. No basta con decir que las cosas son así. Para cambiar las cosas, hay que tomar acción.


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